Descarga el libro: la tenencia de la tierra

Prólogo

Con buen criterio, la Universidad Católica aporta su visión sobre esta problemática y suma una serie de objeciones al estudio Una Tierra para Todos, publicado por la Conferencia Episcopal Argentina. Podemos resumir estas objeciones a dos conceptos básicos, que consideramos erróneos, en los cuales se basa la totalidad de sus argumentaciones. Ellos son: l) que la relación del hombre con la tierra en la Argentina es mala, que posiblemente sea una de las peores de América latina y, tal vez, del mundo entero; y 2) que toma problemas localizados, propios, argentinos, y problemas de otros países, que generaliza y extiende a todo el territorio nacional, como si en todas sus regiones existiesen las mismas realidades.

De ser verdad tales afirmaciones, la Argentina pertenecería como nación agrícola a la categoría de nación subdesarrollada y paupérrima, cuando es todo lo contrario. Nuestro país está en los primeros puestos en el mundo en cuanto a producción por unidad de superficie, en cuanto a su excelencia productiva y en cuanto a su bajo valor de intercambio.

La Argentina es una de los pocos países que producen para el resto del mundo una cantidad significativa de alimentos, salidos de su tierra trabajada en forma sustentable y con tecnología de primera línea y adecuada para una mayor producción duradera. Lo prueba el salto positivo en cereales y oleaginosas en los últimos años.

Como bien dice el informe, el documento Pontificio Para una mejor distribución de la riqueza es el fundamento principal del estudio Una Tierra para Todos, documento aquel que merece un pormenorizado análisis, ya que parece estar influenciado por situaciones reales, pero diferentes de las de nuestro país, como enumeran las declaraciones de episcopados de países vecinos y de Centroamérica; los problemas allí existentes están muy alejados de los nuestros.

El problema «indígena» es uno de ellos. Los pueblos originarios en la Argentina no constituyen, como en otros países, una parte sustancial de la población, son el 1,54% del total de los habitantes. El Estado y otras organizaciones «politizadas», por tratar de ayudarlas, los discriminan. Son ciudadanos argentinos con los mismos derechos y obligaciones que todos, y como tales deben ser considerados. También se advierte, a tener en cuenta, que el marxismo internacional ha modificado el antiguo concepto de «lucha de clases» por el de «lucha de razas», simulando asumir la representación aborigen. Este tipo de «indigenismo» intencionado, pese a su artificialidad, cuenta con muchos imitadores en América latina.

 


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