Argentina está atravesando una situación crítica: El paciente se sentía mal hace varios años (producto de sus malos hábitos), y terminó yendo a la guardia con unas líneas de fiebre. Eligió un hospital nuevo en la zona, bien ambientado, y “famoso” en la región por tener el mejor staff de médicos de los últimos 50 años. Terminó saliendo todo mal: los médicos que lo atendieron lo mandaron terapia intensiva sin escala, producto de su mala praxis.

La analogía sirve para describir la crisis por la que está atravesando nuestro país. El equipo a cargo del modelo económico (si es que tenemos alguno) aplicó la vieja receta de planchar el dólar, subir la tasa de interés (y dejarla entre las más altas del mundo), dolarizar las tarifas y licuar los salarios. La inflación, que pensaba tenían controlada, se les disparó y nos posicionó segundos en América Latina, después de Venezuela.

Hoy nos encontramos en una Argentina que sólo genera dinero con dinero. La bicicleta financiera es lo única inversión que rindió por encima de la inflación los últimos años. La combinación de tasa de interés alta y dólar planchado es el escenario ideal para el carry trade, excusa perfecta para que los capitales golondrinas se hagan de dólares en poco tiempo, y se lo lleven fuera del país, para invertirlos por ejemplo en bonos americanos libres de riesgo.

La fuga de capitales no es algo nuevo en nuestro país: En el año 2005, Roberto Lavagna había implementado por decreto la “jaula para los capitales golondrina” donde establecía que los inversores financieros que ingresaban con dólares al país debían dejarlo inmovilizado por no menos de 365 días. Macri lo derogó, eliminó el plazo, y dejó el camino libre para la fuga de capitales. El equipo es experto en encontrarle problemas a las soluciones.

Hoy nos encontramos con un BCRA en una situación delicada, pasando la gorra en el Fondo Monetario Internacional. El FMI nos otorgó la misma línea de crédito que le dieron a Irak, Jamaica y Kenia: un préstamo stand by, que van a depositar en el Banco Central en cuotas trimestrales, siempre y cuando se cumpla con las metas establecidas por el organismo. Si algo sabemos de este equipo, es que cumplir con las metas no es uno de sus fuertes.  

Con esto, el BCRA busca “blindar” a nuestra economía de los shocks externos, y en especial de las corridas en el mercado cambiario. El gobierno en cambio, tiene la excusa ideal para ejecutar una agenda de reformas que aceleren el ajuste. El resultado indefectiblemente es más recesión (con inflación).

Nuestro país necesita definir una agenda económica creíble. De la crisis se sale con un equipo económico coordinado, con metas claras, y generando crecimiento. Bajar las tasas es un punto clave para incentivar la inversión, disminuir el costo de los créditos, que estimulen la producción y generen trabajo.

Si no corrigen, y se sigue con el mismo tratamiento, el paciente corre riesgo de vida.


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